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14 Abr 2026

Por: Dra. Marlenin Fernández
Nutrición. Experta en tratamiento de la obesidad.

En las consultas diarias, cada vez es más común escuchar a pacientes frustrados que dicen: “Doctora, yo me cuido, como poco, camino y no bajo ni una libra”.

Como médicos, lo primero que explicamos es que el peso no es solo un número en la balanza. En realidad, es el resultado de una compleja interacción de hormonas que, cuando se desequilibran, pueden hacer que el cuerpo acumule grasa, incluso cuando la persona intenta cuidarse.

El “director de orquesta”: las hormonas

Nuestro metabolismo no funciona como una simple calculadora. Es un sistema químico complejo en el que participan diferentes hormonas como la insulina, el cortisol, la grelina y la leptina. Estas sustancias son las que deciden si el cuerpo quema energía o la almacena como grasa, especialmente en el abdomen.

Cuando estas hormonas se desregulan, por factores como la falta de sueño, una mala alimentación o condiciones médicas como el hipotiroidismo, el síndrome de ovario poliquístico o la resistencia a la insulina, hacer dieta puede sentirse como nadar contra la corriente.

En otras palabras, el cuerpo posee una especie de “termostato” que regula la energía. Las hormonas son las encargadas de mantener ese control. Sin embargo, cuando existe obesidad, ese sistema puede alterarse: el cerebro deja de recibir correctamente la señal de saciedad y el organismo comienza a almacenar grasa como si estuviera enfrentando una hambruna, incluso cuando se está comiendo.

¿Qué son realmente lo análogos de GLP-1.?

En los últimos años se ha hablado mucho de estos medicamentos en gimnasios, salones de belleza y redes sociales. Fármacos que pertenecen a un grupo llamado análogos de GLP-1.

Estos medicamentos imitan una hormona que el cuerpo produce de manera natural en el intestino. Su función es enviar señales al cerebro de que ya estamos llenos y, además, hacen que el estómago se vacíe más lentamente. De esta manera ayudan a controlar el apetito.

Estos suelen administrarse una vez por semana o diariamente dependiendo el producto. Sin embargo, es importante entender que no son quemadores de grasa, sino reguladores del apetito y del metabolismo.

¿Son para todo el mundo?

Definitivamente no.

Estos fármacos fueron desarrollados principalmente para personas con diabetes tipo 2 o con obesidad acompañada de complicaciones como presión arterial alta, diabetes o colesterol elevado.

Uno de los errores que se está viendo con mayor frecuencia es utilizarlos con fines estéticos o comprarlos sin indicación médica. Usar un medicamento de este tipo solo para bajar “las diez libritas de las vacaciones” no solo es un error, también puede ser peligroso.

Cuando se utilizan sin necesidad médica, el cuerpo puede perder una cantidad importante de masa muscular. Esto provoca debilidad, enlentece el metabolismo y favorece el conocido efecto rebote cuando se suspende el medicamento.

Los riesgos de usarlos sin supervisión médica

Comprar estas inyecciones “por fuera” o porque a una amiga le funcionaron puede tener consecuencias serias. Sin seguimiento médico, una persona puede exponerse a:

  • Deshidratación grave por vómitos.
  • Problemas en la vesícula.
  • Inflamación del páncreas (pancreatitis).
  • Pérdida de masa muscular, lo que acelera el envejecimiento.

El mito de “hago dieta y no bajo de peso”

Cuando una persona siente que su peso está estancado, es posible que exista un bloqueo hormonal. Antes de caer en la frustración, es importante evaluar cómo se encuentran las hormonas que regulan el metabolismo.

Un chequeo médico completo, que incluya análisis de sangre, evaluación del corazón y revisión de la función renal, es el primer paso para entender qué está ocurriendo en el organismo.

Las inyecciones no hacen milagros

Estos medicamentos deben entenderse como una herramienta que puede ayudar a desarrollar mejores hábitos de vida.

Si una persona se aplica estas inyecciones pero continúa con una mala alimentación, cenas pesadas, poco descanso y sedentarismo, el tratamiento difícilmente tendrá éxito.

La base siempre seguirá siendo la misma: aprender a comer de forma balanceada, aprovechar los alimentos que nuestra tierra produce y mantener el cuerpo en movimiento, aunque sea durante 30 minutos al día.

Tratar la obesidad con ciencia y respeto

Si está considerando utilizar este tipo de tratamientos, no lo haga a escondidas ni compre medicamentos en gimnasios o salones de belleza. Lo correcto es acudir a un especialista en el tratamiento de la obesidad.

La obesidad es una enfermedad crónica, no una falta de disciplina. Por eso debe tratarse con respeto, con ciencia y, sobre todo, con paciencia.

La salud siempre vale mucho más que una talla de pantalón.

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