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22 Jun 2026

Dr. Yunior Ramón Herrera Reynoso, Ortopeda especialista en artroplastía y reemplazo articular.

En la consulta hay una conversación que se repite con mucha frecuencia: “Doctor, yo siempre he sido activo, siempre hago deporte, pero ahora la rodilla me está fallando”. Y casi siempre, detrás de esa frase, hay una historia muy parecida: una vida de movimiento, de deporte, de trabajo físico o simplemente de una rutina activa que, con el paso del tiempo, empieza a encontrar resistencia en las articulaciones.

Hoy quiero hablarles justamente de eso: de cómo el movimiento es salud, pero también de cómo el cuerpo va enviando señales sutiles cuando algo empieza a cambiar. No se trata de dejar de moverse, al contrario, el movimiento sigue siendo una de las mejores medicinas que existen, pero sí de aprender a escuchar el cuerpo a tiempo, antes de que el dolor o la limitación se conviertan en protagonistas de nuestra vida diaria.

El desgaste articular

Durante muchos años se pensó que la artrosis era una condición propia del envejecimiento. Hoy sabemos que esa visión es incompleta.

La osteoartrosis, el desgaste progresivo del cartílago articular, sigue siendo una de las principales causas de dolor crónico y limitación funcional en el mundo adulto. Sin embargo, cada vez es más frecuente ver pacientes entre los 40 y 60 años con síntomas que antes eran más propios de edades avanzadas.

En muchos casos, no se trata solo del paso del tiempo. En la práctica clínica observamos una combinación de factores: lesiones deportivas previas, sobrepeso, sobrecarga repetitiva y, en ocasiones, una reintegración al deporte sin la preparación adecuada.

La Organización Mundial de la Salud ha insistido en la importancia de la actividad física como pilar de salud general, pero también reconoce la necesidad de realizarla de forma segura y progresiva.

Cuando el cuerpo empieza a hablar

El cuerpo casi nunca se deteriora en silencio al inicio; en realidad, siempre avisa. El problema es que, con mucha frecuencia, esas señales se van normalizando poco a poco. Es decir, la persona se acostumbra a sentirlas y deja de verlas como algo importante.

Por ejemplo, esa rigidez en la mañana al levantarse, como si la articulación “necesitara tiempo para arrancar”; o ese dolor que aparece justo cuando uno empieza a moverse, pero que luego mejora un poco al caminar. También puede presentarse inflamación después del ejercicio, o una sensación de que la rodilla, la cadera o el hombro ya no se mueven con la misma libertad de antes, como si hubiera una limitación que va creciendo de forma lenta.

Lo importante es entender que, cuando estos síntomas se repiten y se mantienen en el tiempo, no deben asumirse como algo normal del envejecimiento ni como un “precio obligatorio” por hacer ejercicio. Son señales del cuerpo que nos están diciendo que algo está cambiando, y que es el momento adecuado para hacer una evaluación médica antes de que el problema avance.

El deporte: un aliado, poco inocente

No hay duda de que el deporte es una de las herramientas más poderosas para la salud humana. Reduce el riesgo cardiovascular, mejora la salud metabólica, fortalece el estado emocional y prolonga la calidad de vida.

Sin embargo, también puede generar lesiones cuando no existe preparación adecuada, técnica correcta o recuperación suficiente. En la práctica diaria es común ver lesiones de rodilla asociadas a fútbol o running, lesiones de menisco o ligamentos, tendinopatías en deportes de raqueta como el tenis o el pádel, y sobrecargas en corredores con progresión inadecuada.

El punto clave no es el deporte en sí, sino cómo se practica.

Cómo proteger las articulaciones

La prevención no se basa en dejar de moverse, sino en moverse mejor. Se sostiene en tres pilares fundamentales:

  • Preparación muscular adecuada, que protege las articulaciones
  • Técnica correcta en la ejecución del movimiento
  • Descanso y recuperación como parte del entrenamiento

A esto se suma un factor clave: el control del peso corporal, ya que el exceso de carga acelera el desgaste en articulaciones como rodillas y caderas.

¿Cuándo una lesión te lleva a cirugía?

La cirugía nunca es el primer paso. Se considera cuando el tratamiento conservador bien aplicado no logra controlar el dolor o cuando la función articular se ve significativamente comprometida.

El análisis incluye estudios como radiografías o resonancia magnética, pero la decisión final siempre integra la historia clínica, el nivel de dolor y la calidad de vida del paciente.

Reemplazo articular:

Cuando se indica una artroplastía o reemplazo articular, el objetivo no es solo eliminar el dolor, sino recuperar movilidad, independencia y funcionalidad.

La cirugía moderna permite una recuperación cada vez más temprana, con movilización en las primeras 24 horas y rehabilitación progresiva en semanas.

Sin embargo, el éxito no depende únicamente del procedimiento quirúrgico, sino del compromiso del paciente con su rehabilitación.

Un mensaje final

El cuerpo está diseñado para moverse, pero necesita equilibrio para mantenerse sano. El dolor no debe normalizarse. Y la prevención, cuando es constante y consciente, siempre será más poderosa que cualquier tratamiento posterior.

Mi objetivo como ortopeda no es solo tratar articulaciones dañadas, sino ayudar a las personas a mantenerse en movimiento con la mejor calidad de vida posible. Porque al final, no se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos en movimiento.

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