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6 Oct 2026

Dra. Vifanny Espaillat, Neuróloga

La enfermedad cerebrovascular (ECV), conocida popularmente como accidente cerebrovascular (ACV), constituye una de las principales causas de discapacidad y mortalidad en el mundo.

El cerebro es el órgano que dirige y coordina todas las funciones del organismo. Gracias a él podemos pensar, sentir, recordar, comunicarnos, movernos, tomar decisiones e interactuar con el mundo que nos rodea. Además, interpreta continuamente los estímulos que recibimos del entorno y permite que nuestro cuerpo responda de manera adecuada a cada situación.

Aunque todos los órganos son importantes y trabajan de forma integrada para mantener la vida, el cerebro ocupa un lugar central porque controla funciones esenciales como la conciencia, la respiración, el movimiento, el lenguaje, la memoria y el comportamiento. Sin una función cerebral adecuada, la vida tal como la conocemos no sería posible.

Para realizar todas estas tareas, el cerebro necesita un suministro constante de sangre, que le aporta oxígeno, glucosa y otros nutrientes indispensables para el funcionamiento y la supervivencia de las neuronas. Cuando este flujo sanguíneo se interrumpe, incluso por pocos minutos, pueden producirse daños graves y, en algunos casos, permanentes.

Aunque muchas personas consideran la enfermedad cerebrovascular como un evento repentino, en realidad suele ser la manifestación de procesos patológicos que afectan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro.

Reconocer sus síntomas y actuar con rapidez puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable, una discapacidad permanente o incluso la muerte.

La enfermedad cerebrovascular ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir el flujo sanguíneo que necesita para funcionar adecuadamente o cuando se produce una hemorragia dentro del tejido cerebral.

Cuando una región del cerebro deja de recibir sangre adecuadamente, las neuronas pierden el suministro de oxígeno, glucosa y otros nutrientes que necesitan para mantenerse vivas. Si esta situación persiste, las células cerebrales comienzan a dañarse y pueden morir en cuestión de minutos.

Debido a que el cerebro es especialmente sensible a la interrupción del flujo sanguíneo, el daño puede desarrollarse rápidamente y afectar funciones esenciales como el movimiento, el lenguaje, la visión, la memoria, el equilibrio o la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Por esta razón, en neurología existe una frase ampliamente conocida:

"El tiempo es cerebro" Por cada minuto que no se recibe tratamiento mueren 1.9 millones de neuronas y el cerebro envejece 3.6 años.

Las señales de alarma suelen aparecer de manera súbita e incluyen:

  • Debilidad o pérdida de fuerza en la cara, brazo o pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.
  • Dificultad para hablar, comprender o emitir el lenguaje.
  • Pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos.
  • Visión doble de aparición súbita.
  • Mareo intenso.
  • Pérdida del equilibrio o de la coordinación.
  • Dificultad para caminar.
  • Dolor de cabeza muy fuerte y repentino sin una causa aparente.

Es importante recordar que muchas enfermedades cerebrovasculares ocurren sin dolor de cabeza. La ausencia de dolor no descarta una emergencia neurológica.

Los especialistas utilizan la estrategia BE-FAST para reconocer rápidamente los síntomas más importantes:

B (Balance – Equilibrio):
Pérdida repentina del equilibrio o de la coordinación.

E (Eyes – Ojos):
Pérdida súbita de visión o alteraciones visuales.

F (Face – Cara):
Desviación de la boca o caída de un lado de la cara.

A (Arms – Brazos):
Debilidad o incapacidad para levantar uno de los brazos.

S (Speech – Habla):
Dificultad para hablar o lenguaje incomprensible.

T (Time – Tiempo):
Es momento de actuar inmediatamente.

Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran:

  • Hipertensión arterial.
  • Diabetes mellitus.
  • Tabaquismo (incluido Vape, cigarillos electrónicos, etc.)
  • Colesterol elevado.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Enfermedades cardíacas.

Dentro de estas últimas, la fibrilación auricular merece especial atención, ya que favorece la formación de coágulos que pueden desplazarse hacia el cerebro y provocar una enfermedad cerebrovascular.

También existen factores que no pueden modificarse, como:

  • La edad.
  • Los antecedentes familiares.
  • Haber sufrido previamente una enfermedad cerebrovascular o un ataque isquémico transitorio.

Esta enfermedad no está limitada a un grupo de edad, como se pensaba que solo afectaba personas envejecientes, sino que también afecta a población joven y pediátrica.

Las causas en estos grupos incluye:

  • Trombofilias
  • Trastornos autoinmunes
  • Entre otros

La respuesta es simple:

Acuda inmediatamente a un servicio de emergencias:

No espere a que los síntomas mejoren.

No se acueste a descansar.

No permanezca en su hogar observando la evolución.

No espere a consultar al día siguiente.

No intente automedicarse.

Toda persona con síntomas sugestivos de enfermedad cerebrovascular debe ser evaluada de urgencia en un centro hospitalario.

Actualmente existen tratamientos capaces de restaurar el flujo sanguíneo cerebral en pacientes seleccionados con enfermedad cerebrovascular isquémica aguda.

Entre ellos se encuentran:

Trombólisis intravenosa (fibrinólisis)

Consiste en la administración de medicamentos especializados capaces de disolver el coágulo responsable de la obstrucción arterial.

Trombectomía mecánica endovascular

Es un procedimiento realizado por especialistas entrenados, mediante el cual se introduce un catéter a través de los vasos sanguíneos para localizar y extraer el coágulo que está bloqueando la circulación cerebral.

Estos tratamientos pueden disminuir significativamente la discapacidad y mejorar el pronóstico, pero solo pueden realizarse dentro de ventanas de tiempo específicas.

Por esta razón, buscar atención médica de manera inmediata es fundamental.

Recalcando que es una enfermedad tiempo dependiente. Esos tratamientos solo pueden ser colocados en las primeras 4.5 horas luego de iniciados los síntomas, si contamos con una TAC de cráneo simple, hasta 9 horas con imágenes avanzadas como resonancia magnética de cráneo y hasta 24 horas en el caso de la trombectomía mecánica.

Recuperación después de una enfermedad cerebrovascular

La atención no termina cuando el paciente supera la fase aguda.

Después del evento, el cerebro inicia un proceso de adaptación conocido como neuroplasticidad, que es la capacidad de reorganizarse y crear nuevas conexiones para compensar funciones afectadas.

Gracias a este proceso, muchas personas pueden recuperar parcial o totalmente algunas capacidades perdidas mediante programas de rehabilitación adecuados.

La recuperación puede incluir:

  • Fisioterapia.
  • Terapia ocupacional.
  • Terapia del lenguaje.
  • Rehabilitación neuropsicológica.
  • Apoyo emocional y psicológico.

Si usted o una persona cercana presenta de forma repentina dificultad para hablar, desviación de la cara, pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, alteraciones visuales, pérdida del equilibrio o dificultad para caminar:

No se quede en casa.

No espere a que los síntomas desaparezcan.

Acuda de inmediato a un servicio de emergencias.

La atención temprana puede salvar la vida, reducir las secuelas y permitir el acceso a tratamientos especializados.

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