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4 Ago 2026

Dra. Sabrina Núñez

Dormir bien no solo permite recuperar energías. El sueño es un pilar fundamental de la salud y cumple una función esencial en la protección del cerebro, el corazón, el metabolismo, el sistema inmunológico y la salud mental. Por esta razón, los trastornos que afectan la calidad del descanso, como la apnea obstructiva del sueño, deben ser reconocidos y tratados oportunamente.

La apnea obstructiva del sueño, conocida como AOS, es considerada un problema de salud pública debido a su elevada prevalencia y a su relación con enfermedades cardiovasculares, metabólicas, renales e incluso tumorales. Estas condiciones pueden afectar considerablemente la calidad de vida de quienes la padecen.

Uno de los principales desafíos es el infradiagnóstico. Muchas personas viven con apnea del sueño sin saberlo y, en algunos casos, ya presentan consecuencias clínicas que requieren el inicio de un tratamiento activo. De ahí la importancia de prestar atención a las señales y no normalizar síntomas como los ronquidos intensos, las pausas respiratorias o el cansancio constante.

Así como promovemos una alimentación equilibrada y la actividad física, también debemos fomentar un sueño saludable como parte esencial de la medicina preventiva.

Señales que pueden alertarnos

En muchas ocasiones, los signos de la apnea del sueño son identificados primero por la pareja, un familiar o una persona cercana. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran los ronquidos, las pausas en la respiración, los sonidos de jadeo o sensación de asfixia mientras se duerme, los movimientos corporales repetitivos y los despertares frecuentes que fragmentan el descanso.

Durante el día, la persona puede presentar somnolencia excesiva, quedarse dormida mientras realiza sus actividades habituales, experimentar dolor de cabeza al despertar, fatiga o cansancio persistente. También pueden producirse cambios en el comportamiento y en el estado de ánimo, como irritabilidad, apatía, dificultad para concentrarse y problemas de memoria. En algunos pacientes pueden aparecer presión arterial elevada durante la noche, arritmias, impotencia sexual o disminución del deseo.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

La apnea obstructiva del sueño puede afectar a personas de diferentes edades. Sin embargo, es más frecuente en los hombres, en las mujeres después de la menopausia y en los adultos mayores de 65 años. También puede presentarse en niños.

El riesgo aumenta en personas con obesidad, antecedentes familiares de apnea del sueño, cuello de mayor circunferencia, mandíbula pequeña o retraída y alteraciones anatómicas como amígdalas o adenoides agrandadas.

Aunque el exceso de peso es uno de los factores de riesgo más conocidos, no todas las personas con apnea del sueño tienen obesidad. Por ello, la evaluación debe realizarse de manera integral y tomando en cuenta los síntomas, los antecedentes médicos y las características anatómicas de cada paciente.

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico comienza con una historia clínica completa, la valoración de los síntomas y la aplicación de cuestionarios diseñados para identificar el riesgo de apnea del sueño. Dependiendo de cada caso, el especialista puede indicar pruebas complementarias, como análisis de sangre, electrocardiogramas u otros estudios relacionados con las condiciones de salud del paciente.

La polisomnografía es considerada el estudio de referencia para confirmar el diagnóstico. Esta prueba permite observar distintos parámetros durante el sueño, entre ellos la respiración, la oxigenación y la actividad corporal.

También existe la poligrafía respiratoria, un estudio más sencillo que puede realizarse en el hogar en pacientes seleccionados. Esta alternativa resulta útil y coste-efectiva, aunque su indicación dependerá de la evaluación médica y de la complejidad de cada caso.

Tratamiento individualizado

El tratamiento se establece según la gravedad de la apnea, las condiciones médicas asociadas y las características de cada paciente. Una de las opciones más utilizadas es la terapia con presión positiva continua en la vía aérea, conocida como CPAP.

Este equipo genera un flujo de aire mediante una turbina y lo administra a través de una mascarilla nasal u oronasal. Su función es mantener abierta la vía respiratoria superior y evitar el colapso de la faringe mientras la persona duerme. La presión debe ajustarse de manera individual para lograr una terapia eficaz y tolerable.

Además del tratamiento médico, es importante adoptar medidas de higiene del sueño. Se recomienda evitar el consumo de alcohol y cafeína en las horas cercanas al descanso, cenar temprano, dejar de fumar y mantener horarios regulares para dormir.

Dormir de lado puede favorecer la respiración en determinados pacientes. Cuando la persona tiende a dormir boca arriba, pueden utilizarse almohadas u otras estrategias que le ayuden a conservar una posición lateral. También es conveniente evitar el ejercicio físico intenso a altas horas de la noche.

En algunos casos, después de una evaluación especializada, puede considerarse un tratamiento quirúrgico por parte de otorrinolaringología o cirugía maxilofacial, especialmente cuando existen alteraciones anatómicas que contribuyen a la obstrucción de la vía aérea.

No normalice los ronquidos ni el cansancio

Roncar fuerte, despertar con sensación de ahogo, sentirse cansado durante todo el día o quedarse dormido durante actividades cotidianas no debe considerarse normal ni atribuirse únicamente a la edad.

Durante las pausas respiratorias, los niveles de oxígeno pueden disminuir repetidamente. Cuando esta situación se mantiene durante una parte considerable de la noche, el organismo queda expuesto a episodios de hipoxia que pueden tener consecuencias importantes a largo plazo.

Ante la presencia de estas señales, es recomendable acudir a una consulta con un especialista en neumología o medicina del sueño. Reconocer la apnea, confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento adecuado puede mejorar el descanso, la calidad de vida y la salud integral del paciente.

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