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1 Abr 2026

Por la Dra. Claudia Almonte

La Semana Santa suele ser sinónimo de playa, procesiones y actividades al aire libre. Sin embargo, el aumento sostenido de las temperaturas globales nos enfrenta a un escenario cada vez más desafiante para la salud. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los golpes de calor se han convertido en la principal causa de defunción relacionada con el clima, un riesgo que puede afectar a cualquier persona.
El golpe de calor es una emergencia médica. Ocurre cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura interna, provocando una sobrecarga en órganos vitales como el corazón y los riñones. Cuando a esto se suman largas horas de exposición al sol, deshidratación y grandes aglomeraciones, el riesgo aumenta considerablemente.


El corazón trabaja más cuando la temperatura aumenta
Ante el calor extremo, el sistema cardiovascular entra en acción para intentar enfriar el cuerpo. El corazón funciona como un verdadero motor de regulación, bombeando sangre hacia la piel para liberar calor.
Este proceso provoca una vasodilatación periférica, es decir, los vasos sanguíneos se dilatan para facilitar la pérdida de calor. Aunque es un mecanismo natural de defensa, también puede generar efectos adversos como caídas de la presión arterial o un esfuerzo excesivo del músculo cardíaco.
Cuando las temperaturas son muy elevadas, el corazón puede enfrentar varias situaciones de riesgo.


El calor extremo representa un riesgo cardíaco
Las altas temperaturas obligan al corazón y a los vasos sanguíneos a trabajar más para mantener estables la presión arterial y la temperatura corporal.

Esto puede provocar:
• Aumento de la frecuencia cardíaca
• Incremento del gasto cardíaco
• Riesgo de arritmias
• Descompensación de la presión arterial
• Episodios de angina de pecho
• Deshidratación severa
• Mayor riesgo de trombosis
• Hipotensión
• Infartos
• Accidentes cerebrovasculares


Las personas con enfermedades cardiovasculares previas, adultos mayores y pacientes con hipertensión deben prestar especial atención durante periodos de calor intenso.


Taquicardia por deshidratación


La pérdida de líquidos reduce el volumen de sangre circulante. Para compensarlo, el corazón aumenta la frecuencia de los latidos con el objetivo de mantener el oxígeno llegando a los órganos vitales.


Aumento de la viscosidad de la sangre
La deshidratación puede hacer que la sangre se vuelva más espesa, lo que eleva el riesgo de formación de coágulos, trombosis o eventos coronarios, especialmente en personas con placas de ateroma.


Mayor riesgo en pacientes con enfermedades crónicas
Las personas que utilizan medicamentos como diuréticos para el control de la presión arterial deben tener especial cuidado. Estos fármacos facilitan la pérdida de líquidos, lo que puede favorecer episodios de síncope o desmayos en ambientes muy calurosos.


Señales de alerta antes de un golpe de calor
Antes de que se produzca un desmayo o una complicación mayor, el cuerpo suele emitir algunas señales de advertencia. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
• Cansancio o debilidad intensa
• Dolor de cabeza
• Mareos
• Confusión o desorientación
• Náuseas
• Malestar general
• Aumento de la frecuencia cardíaca


Reconocer estos síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre una situación controlable y una emergencia médica.

Recomendaciones para prevenir el golpe de calor


Durante temporadas de altas temperaturas o actividades prolongadas al aire libre, es importante adoptar medidas de prevención:
• Mantener una hidratación adecuada, incluso si no se siente sed.
• Utilizar ropa fresca, holgada y de colores claros.
• Evitar la exposición prolongada al sol, especialmente en las horas de mayor calor.
• Seguir las indicaciones y tratamientos prescritos por su médico.
• Si va a viajar, llevar siempre sus medicamentos y tomar precauciones adicionales.
• En viajes largos, consultar con su médico si necesita medidas preventivas contra trombosis.
• No minimizar los síntomas de agotamiento por calor.
• Prestar especial atención a adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, quienes presentan mayor riesgo.

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