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20 Ene 2026

Por: Clara Sánchez
Psicóloga Clínica

Cada inicio de año trae consigo expectativas, propósitos y el deseo de cambiar hábitos. Con el nuevo número en el calendario surge la motivación de alimentarnos mejor, movernos más, descansar adecuadamente o dedicar tiempo al autocuidado. Sin embargo, con frecuencia estas intenciones se diluyen con el paso de las semanas, recordándonos que iniciar, y sobre todo sostener, un estilo de vida saludable no siempre es sencillo.

El verdadero reto no está en hacer cambios drásticos, sino en transformar pequeños pasos en hábitos duraderos. El bienestar integral no se construye desde la exigencia extrema, sino desde decisiones conscientes, realistas y sostenidas en el tiempo.

Bajo esta mirada, desde CEMDOE retomamos y actualizamos una guía práctica que integra los pilares fundamentales de la salud física, emocional y conductual: el ABCDE de un estilo de vida saludable.

A – Alimentación consciente y equilibrada

La alimentación es la base del bienestar integral. Los alimentos no solo aportan energía al cuerpo, sino que influyen directamente en el estado de ánimo, la concentración, el rendimiento diario y la prevención de enfermedades. Comer de forma saludable no implica restricciones severas, sino aprender a elegir con mayor intención lo que consumimos cada día.

Un primer paso sencillo puede ser aumentar el consumo de vegetales, frutas, legumbres y frutos secos; reducir la ingesta de sal, azúcar, carnes rojas y productos ultraprocesados; priorizar el agua como bebida principal y optar por alimentos integrales, locales y de temporada. Herramientas como el método del plato facilitan visualizar porciones balanceadas y favorecen una relación más sostenible y amable con la alimentación.

B – Bienestar emocional

El bienestar emocional no se limita a la ausencia de malestar. Implica la capacidad de desenvolverse de manera funcional y plena en la vida cotidiana, reconociendo fortalezas personales, afrontando las presiones normales del día a día y manteniendo vínculos significativos que nos conecten con los demás y con la comunidad.

Es importante comprender que bienestar no significa estar bien todo el tiempo, sino contar con recursos internos y externos para atravesar las dificultades. Cuando estos recursos se ven comprometidos, buscar apoyo profesional a través de la psicoterapia puede ser una decisión clave para recuperar equilibrio, claridad y bienestar emocional.

C – Cuidado activo de la salud

Cuidarse va más allá de atender enfermedades cuando aparecen. El cuidado activo de la salud implica prevenir, detectar a tiempo factores de riesgo y tomar decisiones informadas sobre nuestro bienestar físico. Asistir a chequeos médicos regulares, evitar el autodiagnóstico y la automedicación, conocer los antecedentes familiares y realizar cambios en el estilo de vida que reduzcan el riesgo cardiovascular son acciones fundamentales para preservar la salud a largo plazo.

D – Descanso reparador

Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica. Más allá de cumplir con un número de horas recomendado, cada persona debe identificar cuánto descanso necesita para despertar con energía y claridad mental. Mantener horarios regulares de sueño, reducir el consumo de cafeína y alimentos pesados antes de dormir, y establecer rutinas nocturnas que favorezcan la relajación contribuye significativamente a mejorar la calidad del descanso.

La forma en que descansamos impacta directamente en el estado de ánimo, la memoria, la concentración y la energía con la que afrontamos cada día.

E – Ejercicio y movimiento diario

El movimiento es una pieza clave del bienestar integral. La actividad física no se limita al gimnasio: caminar, subir escaleras, andar en bicicleta, realizar tareas del hogar o participar en actividades recreativas, también cuentan. Lo importante es mantenerse activo de forma regular, idealmente entre tres y cinco veces por semana, con una intensidad acorde a la condición física de cada persona.

Moverse con frecuencia mejora la salud cardiovascular, fortalece el bienestar emocional y eleva la calidad de vida, reforzando la conexión entre cuerpo y mente.

Pequeños pasos, grandes cambios

Cada año nos ofrece 365 nuevas oportunidades, pero muchas metas fracasan por intentar hacerlo todo al mismo tiempo. Recordar que hacer algo siempre es mejor que no hacer nada resulta fundamental. Como expresó Lao-Tsé, “un viaje de mil millas comienza con un solo paso”. En salud y bienestar, la constancia suele ser más poderosa que la ambición excesiva.

Establecer metas claras, específicas y alcanzables, con fecha, frecuencia y propósito, facilita la construcción de hábitos sostenibles. En esencia, un estilo de vida saludable puede resumirse en una idea sencilla y poderosa: hacer cada vez más de lo que te da salud y cada vez menos de lo que te enferma. Este equilibrio será distinto para cada persona, pero siempre comienza con decisiones pequeñas, conscientes y repetidas en el tiempo.

“Desde CEMDOE reafirmamos nuestro compromiso de acompañarte en la construcción de un nuevo año, con más salud, bienestar y equilibrio, recordándote que los grandes cambios no ocurren de golpe, sino paso a paso, con apoyo, orientación y constancia” puntualiza la especialista.

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